Reinventarse o morir: los Deportes de RNE, ante un momento crucial

RNE arrancó la temporada 2019-2020 con una importante renovación en su parrilla de la mano de un baile de caras que afectó a comunicadores como Pepa Fernández, Carles Mesa o Alfredo Menéndez. Pese a que casi todas las franjas de la cadena introdujeron algún tipo de novedad, la dirección no ejecutó ningún cambio reseñable en Tablero deportivo, que desde hace varios años viene evidenciando síntomas claros de desgaste. Ni los sucesivos cambios de presentador que ha experimentado en la última década han logrado resucitar al programa, que se ha convertido en uno de los lastres de la emisora pública.

Partiendo de la base de que RNE nunca ha sido referente informativo en el ámbito del deporte, los números con los que el programa que comanda Manu Martínez ha arrancado el año son notablemente preocupantes. Tal y como recoge la 1º ola del EGM de 2020, Tablero deportivo cosecha 203.000 oyentes en su edición del sábado y 163.000 seguidores en su entrega del domingo, números irrisorios en comparación con los que firman Carrusel deportivo o Tiempo de juego.

Pero la complicada situación de Tablero deportivo no es flor de un día. En el último lustro, el espacio ha pasado de superar la barrera de los 400.000 fieles a sufrir para anotar más de 200.000 adeptos, lo que evidencia la drástica caída de audiencia que ha experimentado durante este período de tiempo. Este desplome alcanzó su culmen de la mano del primer EGM de 2020, que indicó que el programa se encuentra en mínimos históricos. Más allá de este dato puntual, el estudio reflejó la preocupante tendencia a la baja que podría perpetuarse en caso de que RNE no decida ponerle remedio a la situación de forma urgente.

Aunque es cierto que la principal preocupación de una emisora pública que no cuenta con publicidad debe ser la calidad de sus contenidos y no los datos de audiencia, el mal rendimiento que ha reportado Tablero deportivo en los últimos años debería llevar a la cúpula directiva de RTVE a plantearse el futuro del formato de cara al próximo curso. En caso de no llevar a cabo dicha revolución, el programa corre el riesgo de acabar siendo un espacio residual pese a todas las posibilidades que ofrece.

Con este panorama, la Corporación podría aprovechar para darle la oportunidad a alguien joven que aportase ideas frescas y novedosas que conectasen con un público que, a día de hoy, desconoce qué es RNE. Con paciencia, tiempo y teniendo en cuenta que puede tomar riesgos que sus rivales no pueden permitirse, la cadena debería apostar por la construcción de un espacio innovador y con personalidad propia, un programa dinámico, riguroso y entretenido que ayude a la emisora a levantar el vuelo y le acerque a las nuevas generaciones de oyentes. La otra opción es dar por hecho que la gran competencia que existe en esa franja hace imposible que un producto ajeno a los ‘grandes’ destaque, desaprovechando así el talento y los recursos que alberga RTVE.

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